Entendiendo el autismo infantil más allá de su diagnóstico

● En 2025, aproximadamente 1 de cada 31 niños de 8 años fue identificado con trastorno del espectro autista, según datos del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC).
● Especialistas del Hospital Infantil San Vicente Fundación explican cuáles son las principales señales de alerta y cómo una intervención individualizada puede favorecer el desarrollo, la autonomía y la funcionalidad de cada niño.

Medellín, septiembre de 2026.- En 2025, aproximadamente 1 de cada 31 niños de 8 años (3,2 %) fue identificado con trastorno del espectro autista (TEA), según datos del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, a partir de los datos de vigilancia de la Red ADDM. Aunque las características del TEA pueden identificarse desde la primera infancia, el diagnóstico puede llegar más tarde. La detección oportuna y el acceso a intervenciones y apoyos basados en evidencia son fundamentales para responder a las necesidades de cada persona y favorecer su desarrollo, bienestar y calidad de vida.

El trastorno del espectro autista es una condición del neurodesarrollo relacionada con el funcionamiento del sistema nervioso que puede comprometer la interacción social, la comunicación y presentar patrones de comportamiento restringidos o repetitivos. Se habla de espectro precisamente porque no existe una única forma de autismo. Las características y el nivel de apoyo que requiere cada persona pueden ser muy diferentes.

Hablar de un espectro significa reconocer que no existe una única manera de vivir el autismo. La
condición puede presentarse con diferentes niveles de severidad y necesidades de apoyo, desde niños que tienen un alto grado de autonomía hasta quienes requieren acompañamiento permanente. La diferencia está en cómo se manifiestan las dificultades en la comunicación, la interacción social y los patrones de comportamiento, pero también en las capacidades que cada niño puede desarrollar.

En este contexto, Colombia cuenta desde el 26 de agosto de 2026 con la Ley 2628 de 2026, que
establece medidas para la atención integral, protección e inclusión de las personas con trastorno del espectro autista, trastornos del neurodesarrollo y condiciones similares. La norma busca promover su inclusión y garantizar el acceso a servicios y oportunidades en ámbitos como la salud, la educación, la recreación, la cultura, el deporte y el trabajo, reconociendo que las necesidades de apoyo pueden acompañar a las personas a lo largo de las diferentes etapas de la vida.

El doctor Carlos Arturo Campo Ternera, neurólogo infantil del Hospital Infantil San Vicente Fundación, explica que la severidad del autismo no está determinada por la inteligencia del niño, sino por el nivel de apoyo que necesita para desenvolverse en su vida cotidiana. “El autismo es un espectro porque cada niño funciona de una manera diferente. Mientras mayor sea la necesidad de apoyo en su comunicación, interacción social y comportamiento, mayor será la severidad. Pero eso no define su capacidad ni todo lo que puede llegar a desarrollar”, señala.

Uno de los principales retos está en reconocer las señales a tiempo. El doctor Campo advierte que no es necesario esperar hasta los primeros años escolares para sospechar un trastorno del espectro autista. Los criterios diagnósticos pueden utilizarse desde los 18 meses y, en condiciones ideales, la evaluación puede realizarse entre los 18 y los 30 meses.

Antes de esa edad pueden aparecer señales de alerta que no permiten por sí solas establecer un
diagnóstico, pero que sí justifican una observación cuidadosa y, cuando sea necesario, una intervención temprana. Entre ellas pueden encontrarse la ausencia de contacto visual, irritabilidad frecuente, selectividad alimentaria, tendencia al aislamiento y retrasos en la adquisición del lenguaje.

También existe una señal que merece especial atención. Se trata de la pérdida o retroceso de
habilidades que el niño ya había adquirido. Un niño que había empezado a hablar y deja de hacerlo, o que había desarrollado formas de juego e interacción y posteriormente las pierde, requiere una valoración médica para determinar qué está ocurriendo. Un retroceso en el neurodesarrollo no debe normalizarse y puede ser una señal de diferentes condiciones, entre ellas el autismo.

En este proceso, el diagnóstico del trastorno del espectro autista es clínico. No existe un examen de sangre, una imagen diagnóstica o una prueba eléctrica que por sí sola confirme o descarte la condición. La valoración requiere analizar de manera integral el desarrollo, la comunicación, la interacción social y los patrones de comportamiento del niño. En el Hospital Infantil San Vicente Fundación, esta evaluación puede complementarse con el conocimiento especializado de sus equipos y con ayudas diagnósticas que permitan identificar o descartar otras condiciones que pueden coexistir con el autismo o presentar manifestaciones similares.

Esta mirada integral es especialmente importante porque el autismo no es una enfermedad, no se
contagia y no representa por sí mismo una amenaza para la salud física del niño. Sin embargo, algunas condiciones asociadas sí pueden requerir diagnóstico y tratamiento oportunos. Por eso, cuando existe una sospecha, el abordaje puede incluir la evaluación de la audición, estudios para identificar actividad epiléptica, alteraciones metabólicas u otros trastornos del neurodesarrollo.

El diagnóstico puede estar a cargo de pediatras, neurólogos, psiquiatras o psicólogos con experiencia en trastornos del neurodesarrollo. Sin embargo, más que el nombre del profesional, lo determinante es que exista conocimiento clínico para reconocer las señales, interpretarlas en contexto y evitar que se normalicen comportamientos que pueden requerir atención. En el Hospital Infantil San Vicente Fundación este abordaje busca que la identificación del espectro sea el punto de partida para comprender las necesidades particulares de cada niño y orientar las estrategias que le permitan alcanzar el mayor nivel posible de autonomía y funcionalidad.

Para el doctor Campo, el diagnóstico no debe convertirse en una etiqueta que limite al niño, sino en una herramienta para entenderlo mejor. Un niño dentro del espectro puede tener un alto desempeño académico, grandes capacidades cognitivas y, al mismo tiempo, necesitar apoyo para relacionarse, comunicarse o desenvolverse en determinados entornos. Por eso, la intervención no puede ser uniforme. Las necesidades pueden variar incluso entre niños con el mismo nivel de autismo y también cambian a lo largo de la vida, desde los primeros años hasta la adolescencia y la adultez.

Ese enfoque también implica dejar atrás la idea de que el autismo determina lo que una persona puede o no puede hacer. La intervención puede incluir fonoaudiología, terapia ocupacional, estrategias cognitivas y otros apoyos, de acuerdo con las necesidades de cada persona. No existen medicamentos específicos para tratar el autismo como tal. Sin embargo, en algunos casos pueden estar indicados para manejar condiciones asociadas o situaciones particulares que requieren tratamiento farmacológico, como trastornos del sueño, epilepsia o comportamientos de alto riesgo que puedan poner en peligro la integridad de la persona o de quienes la rodean. Al mismo tiempo, la inclusión debe entenderse como un derecho y no como un favor. Adaptar un entorno, reducir estímulos cuando sea necesario o facilitar una incorporación gradual a determinados espacios no significa excluir, sino generar las condiciones para que cada niño pueda participar de manera segura y positiva.

Para las familias, contar con información clara y orientación especializada puede marcar una diferencia desde el momento en que aparece una primera señal de alerta. Reconocer tempranamente las particularidades de cada niño permite entender sus capacidades, identificar los apoyos que necesita y acompañar su desarrollo de acuerdo con cada etapa de la vida. El reto, en últimas, es dejar de mirar el autismo únicamente desde aquello que cuesta y empezar a reconocer también todo lo que cada niño puede aprender, aportar y desarrollar cuando encuentra las herramientas y las oportunidades para hacerlo.

Más información para prensa:

Ana Catalina Osorio - Coordinadora de Comunicaciones San Vicente Fundación: 3187130302
Arianna Anzaloni: 3003295574

 

 

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