Colombia, abril de 2026. — Cada 8 de abril se conmemora en el país el Día del Intensivista y del Cuidado Crítico, una fecha que resalta la importancia de la medicina intensiva y del trabajo de los equipos que atienden a los pacientes en condición más delicada dentro de los hospitales. Las Unidades de Cuidados Intensivos -UCI- surgieron a mediados del siglo XX, especialmente durante la epidemia de poliomielitis en la década de 1950, cuando fue necesario concentrar en un mismo lugar equipos especializados y tecnología capaces de sostener la respiración de pacientes gravemente enfermos. Desde entonces, el desarrollo de esta especialidad y los avances tecnológicos han ampliado de manera significativa las posibilidades de supervivencia y recuperación de personas con enfermedades o lesiones críticas, transformando las UCI en espacios dedicados a proteger la vida, estabilizar a los pacientes y acompañar su proceso de recuperación.
La medicina de cuidado crítico es la especialidad encargada de atender a los pacientes críticamente enfermos, es decir, aquellos cuya vida está en riesgo y que requieren vigilancia permanente, tecnología avanzada y un equipo médico altamente entrenado para sostener las funciones vitales del organismo. En hospitales de alta complejidad, este tipo de atención permite intervenir de manera oportuna ante cambios en la condición clínica de los pacientes y brindar soporte especializado a los órganos mientras se trata la enfermedad que originó la situación crítica. En el Hospital San Vicente Fundación Medellín, uno de los centros de referencia del país en atención de alta complejidad, la medicina de cuidado crítico se ha consolidado como un servicio fundamental para la atención de pacientes provenientes no solo de Antioquia, sino también de distintas regiones de Colombia que requieren manejo especializado.
A pesar de los avances médicos, para muchas personas la Unidad de Cuidados Intensivos sigue siendo percibida como un lugar al que se llega cuando ya no hay nada más por hacer. Sin embargo, la realidad es muy distinta. En el Hospital San Vicente Fundación Medellín, uno de los centros de referencia en alta complejidad del país, la atención en cuidado crítico cuenta con una amplia capacidad instalada que permite atender pacientes adultos, pediátricos y neonatales en unidades especializadas. “La unidad de cuidados intensivos es el lugar del Hospital donde más se lucha por conservar la vida. Allí contamos con equipos altamente entrenados, tecnología especializada y monitoreo permanente que nos permite vigilar a los pacientes minuto a minuto e intervenir a tiempo ante cualquier cambio en su condición. Nuestro objetivo va más allá de la supervivencia: buscamos que las personas puedan recuperarse y regresar a la sociedad lo más funcionales posible, que puedan volver a sus familias, a su trabajo y a su vida”, señala el doctor Dormar Barrios Martínez, especialista en medicina crítica del Hospital San Vicente Fundación Medellín.
UCI y UCE: dos niveles de atención diferentes
Las unidades de alta dependencia dentro de un hospital se dividen en dos niveles principales: las unidades de cuidados intensivos -UCI- y las unidades de cuidados especiales -UCE-. La diferencia entre ambas está relacionada con el tipo de tecnología y de tratamientos que requiere el paciente. En las UCI se atienden personas con compromiso grave de uno o varios órganos que necesitan soporte avanzado, como ventilación mecánica para apoyar la respiración, medicamentos especializados que ayudan a sostener funciones vitales —del corazón, los pulmones o los riñones— y sistemas de monitoreo continuo que permiten vigilar su evolución minuto a minuto.
En cambio, las unidades de cuidados especiales atienden a pacientes que requieren vigilancia permanente y manejo médico cercano, y que no necesitan ese nivel de soporte tecnológico. “Por ejemplo, una persona con una infección urinaria puede ser atendida en
una unidad de cuidado especial mientras recibe tratamiento antibiótico y seguimiento clínico. Pero si esa infección evoluciona y comienza a comprometer otros órganos, como el corazón o los pulmones, y se convierte en una sepsis, el paciente puede necesitar medicamentos y dispositivos especializados, por lo que pasa a una unidad de cuidados intensivos. En ese sentido, la ubicación del paciente dentro del hospital no depende solo de qué tan grave se perciba su estado, sino del tipo de tecnología y tratamiento que requiere en cada momento de su evolución”, explica el doctor Dormar Barrios.
Cuando el cuidado crítico cambia una vida
El impacto del cuidado crítico se refleja en las historias que se construyen dentro de estas unidades. Duván Camilo Gómez, de 26 años y agricultor, llevaba una vida activa cuidando vacas, limpiando cacao, fumigando y realizando diversas labores en la finca, además de jugar fútbol en su tiempo libre. Su vida cambió repentinamente un domingo 26 de mayo, cuando empezó a sentir un hormigueo en la mano derecha y perdió fuerza para realizar sus actividades cotidianas. Tras acudir a un médico particular, fue remitido a una clínica en Apartadó, donde se le realizaron exámenes, incluido un procedimiento de extracción de líquido de la columna vertebral, y al día siguiente ingresó a la unidad de cuidados intensivos (UCI), donde permaneció 17 días intubado. Posteriormente fue trasladado al Hospital San Vicente Fundación Medellín, a la UCI Neurocrítica San Rafael, donde permaneció 63 días, pasando de ser totalmente independiente a depender completamente del equipo médico para sus cuidados diarios.
Durante su estancia en cuidados intensivos, Duván enfrentó la dificultad de no poder hablar debido a la traqueostomía, allí los gestos de apoyo del personal médico y de enfermería, así como su fe y positivismo, fueron fundamentales para su recuperación. Uno de los momentos que recuerda con mayor gratitud fue cuando el equipo médico le transmitía confianza y cercanía, acompañándolo en cada paso de su proceso. “Aceptar las cosas como son, creer en que el plan de Dios es perfecto y saber manejar las emociones fue lo que me ayudó”, comenta Duván.
Hoy, luego de su recuperación, reconoce la labor del equipo de cuidado crítico y comparte un mensaje de esperanza; confiar, mantener la calma y valorar cada gesto humano en la UCI puede marcar la diferencia en la recuperación de quienes atraviesan situaciones similares. Su historia refleja el verdadero alcance del cuidado crítico, que no solo busca salvar vidas, sino que permite a los pacientes recuperar su autonomía, retomar sus actividades y volver a sus familias, proyectos y vida cotidiana.
Alta capacidad de atención para la región
El Hospital San Vicente Fundación Medellín cuenta con una de las mayores capacidades de atención en cuidado crítico del país, lo que le permite responder a emergencias complejas y recibir pacientes provenientes no solo de Antioquia, sino también de otras regiones de Colombia. Actualmente, la institución dispone de 96 camas de cuidados intensivos distribuidas entre 64 para adultos, 24 para pacientes pediátricos y ocho para recién nacidos.
A esta capacidad se suman 96 camas en unidades de cuidados especiales o intermedios, destinadas a pacientes que requieren vigilancia médica estrecha sin necesidad de soporte avanzado de órganos. Las UCI del Hospital están organizadas además en unidades especializadas, como neurocrítica, cardiovascular, de quemados, de enfermedades infecciosas y medicina crítica polivalente, lo que permite contar con equipos médicos, tecnología y protocolos específicos para cada tipo de paciente.
La capacidad de respuesta de un hospital en cuidado crítico es determinante para la atención de emergencias complejas en una región. En instituciones de alta complejidad como el Hospital San Vicente Fundación Medellín, esta atención se sustenta en el trabajo coordinado de equipos multidisciplinarios que integran médicos de distintas especialidades, enfermeras especializadas, terapeutas respiratorios, fisioterapeutas y otros profesionales de la salud, bajo el liderazgo del médico intensivista, quien dirige y articula el manejo integral de cada paciente.
En el Día del Intensivista y del Cuidado Crítico, los especialistas destacan que detrás de las puertas de una unidad de cuidados intensivos no solo hay tecnología avanzada y protocolos médicos rigurosos, sino también un equipo humano que trabaja de manera permanente para estabilizar a los pacientes, acompañar a sus familias y brindarles nuevas oportunidades de recuperación y de vida.