Medellín, febrero de 2026
Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la epilepsia es una enfermedad cerebral crónica no transmisible que afecta a cerca de 50 millones de personas en el mundo. En el marco del Día Internacional de la Epilepsia, se visibiliza una realidad que aún está rodeada de mitos, miedo y desinformación. Esta condición se caracteriza por crisis recurrentes que pueden manifestarse como movimientos involuntarios, pérdida de conciencia, alteraciones del lenguaje, sensaciones extrañas en una extremidad o incluso la percepción de formas o luces que no están presentes.
Durante una crisis epiléptica se produce una alteración en la actividad eléctrica del cerebro. Las neuronas se comunican a través de impulsos eléctricos y, cuando estas redes funcionan de manera anormal, se genera una descarga que interfiere con el funcionamiento habitual del cerebro y da lugar a las crisis. La epilepsia puede presentarse a cualquier edad, pero es más frecuente en niños pequeños y en adultos mayores, etapas en las que son más comunes infecciones graves, traumatismos craneales, sangrados o infartos cerebrales, situaciones que pueden aumentar el riesgo de desarrollar esta enfermedad.
Las causas de la epilepsia son diversas. Algunas son prevenibles, como los traumatismos craneoencefálicos, infecciones del sistema nervioso central como meningitis o encefalitis, complicaciones durante el parto o lesiones cerebrales por eventos vasculares en adultos mayores que dejan cicatrices en el tejido cerebral. Otras epilepsias tienen un componente genético, aunque el cerebro puede verse estructuralmente sano, la forma en que se comunican sus redes eléctricas no es la adecuada.
“El tratamiento inicial de la epilepsia se basa en medicamentos anticonvulsivos, con los que cerca del 70% de los pacientes logra controlar sus crisis. Sin embargo, alrededor del 30% no responde adecuadamente, incluso con fármacos bien indicados y en dosis correctas. En estos casos hablamos de epilepsia farmacorresistente, definida tras el fallo de al menos dos medicamentos, y es cuando deben evaluarse otras alternativas como dietas específicas, dispositivos de estimulación cerebral y, especialmente, la cirugía de la epilepsia”, explica la doctora Yamile Calle, neuróloga del Hospital San Vicente Fundación Medellín.
En pacientes con epilepsia farmacorresistente, la decisión de considerar cirugía no se basa únicamente en la falta de respuesta a los medicamentos, sino en el análisis del balance entre beneficios y posibles complicaciones. Aunque toda intervención quirúrgica implica riesgos, la epilepsia no controlada también puede tener consecuencias graves, como deterioro cognitivo, problemas de memoria, lesiones por caídas, quemaduras, ahogamientos e incluso la muerte súbita asociada a epilepsia (SUDEP), relacionada con alteraciones respiratorias o cardíacas durante las crisis.
Los especialistas afirman que la cirugía de epilepsia no debe verse como una medida desesperada, sino como una opción terapéutica que se evalúa de forma rigurosa cuando los medicamentos no logran controlar la enfermedad. En el Hospital San Vicente Fundación Medellín este proceso se desarrolla mediante un abordaje altamente especializado, orientado a tomar decisiones seguras y personalizadas para cada paciente.
Historias como la de Olga reflejan el impacto que puede tener un diagnóstico oportuno y un manejo especializado en la vida de las personas con epilepsia. Durante más de 20 años, Olga convivió con crisis epilépticas recurrentes e impredecibles, lo que afectó notablemente su salud y la tranquilidad de su familia, pese a haber recibido múltiples tratamientos farmacológicos. Tras un accidente por una quemadura, llegó al Hospital San Vicente Fundación Medellín donde recibió una valoración especializada que permitió identificar una epilepsia focal causada por una esclerosis hipocampal, una condición tratable mediante un procedimiento quirúrgico. En septiembre de 2024 fue intervenida y, desde entonces, no ha vuelto a presentar crisis, ha reducido progresivamente el uso de medicamentos y ha recuperado actividades cotidianas que antes no podía realizar. Hoy, su historia es testimonio de cómo la atención especializada y el acceso a tratamientos avanzados pueden transformar de manera significativa la calidad de vida de quienes viven con epilepsia.
La posibilidad de acceder a este tipo de tratamientos está respaldado por un proceso clínico detallado y altamente especializado. Antes de llegar al quirófano, las personas pasan por una valoración exhaustiva a cargo de un equipo multidisciplinario conformado por neurólogos, epileptólogos, neurocirujanos, neuropsicólogos, psiquiatras y expertos en imágenes diagnósticas. El estudio incluye resonancia magnética para identificar lesiones o cicatrices cerebrales, electroencefalogramas prolongados de varios días para registrar las crisis, evaluaciones neuropsicológicas que analizan memoria y atención, y, en algunos casos, pruebas más avanzadas para ubicar con precisión el origen de las crisis. Con toda esta información, el caso se analiza en junta médica para definir si el paciente es candidato a cirugía y cuál es el procedimiento más adecuado.
“Los resultados de la cirugía de epilepsia pueden ser muy significativos. En casos como la epilepsia del lóbulo temporal, que es una de las más frecuentes, las cirugías resectivas pueden lograr que hasta el 80% de los pacientes queden libres de crisis, mientras que el resto suele presentar reducciones importantes en su frecuencia. Cuando se trata de técnicas de neuroestimulación, el objetivo no es curar la enfermedad, sino disminuir la carga de crisis, y en promedio se espera una reducción cercana al 50%, lo que representa un cambio importante en la calidad de vida de los pacientes”, agrega la doctora Calle.
Una cirugía de epilepsia exitosa puede transformar la vida del paciente mucho más allá de la reducción de las crisis. Implica mayor autonomía, la posibilidad de estudiar, trabajar y participar activamente en la vida social. Personas que antes dependían de otros para actividades básicas pueden ganar independencia, conducir, formar una familia o integrarse al mundo laboral. En este proceso, el Hospital San Vicente Fundación Medellín cumple un papel fundamental al ofrecer un manejo integral a través de equipos especializados, tecnología diagnóstica avanzada y un acompañamiento continuo que busca no solo controlar la enfermedad, sino también recuperar la calidad de vida de cada paciente.