Medellín, septiembre de 2026.- El Alzheimer puede comenzar antes de los 65 años, incluso cuando una persona todavía está lejos de la edad en la que suele asociarse esta enfermedad. Aunque la mayoría de los casos se presenta a edades avanzadas, existe una forma conocida como Alzheimer de inicio temprano, cuyas primeras señales pueden aparecer durante la vida adulta y pasar inadvertidas o confundirse con situaciones propias del día a día. El Alzheimer es la causa más común de demencia y representa entre el 60% y el 70% de los casos, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). En el mundo, más de 57 millones de personas viven con demencia, un contexto que pone en perspectiva el impacto de una enfermedad que también puede aparecer en personas en plena etapa laboral, familiar y productiva.
Pero hablar de demencia no es necesariamente hablar de Alzheimer. Detrás de un cambio en la memoria, el lenguaje, la atención, el comportamiento o la capacidad para desenvolverse en la vida cotidiana puede haber diferentes causas y tipos de demencia, e incluso condiciones potencialmente reversibles. Por eso, más que asumir que un olvido es una consecuencia normal de la edad o que necesariamente corresponde a Alzheimer, los especialistas insisten en la importancia de identificar qué está ocurriendo y cuándo ese cambio empieza a interferir con la vida de una persona.
Esta alerta cobra especial relevancia cuando los cambios aparecen antes de los 65 años. Aunque el Alzheimer suele asociarse con adultos mayores, también puede presentarse en personas jóvenes y, en estos casos, sus primeras manifestaciones no necesariamente se limitan a los problemas de memoria. Dificultades inexplicables en el desempeño laboral, problemas para organizar actividades que antes se realizaban con facilidad, desorientación en lugares conocidos o cambios progresivos en el comportamiento pueden ser señales que ameritan una valoración médica. En el marco del Día Mundial del Alzheimer, que se conmemora cada 21 de septiembre, la invitación de los especialistas es a no normalizar estos cambios y consultar a tiempo.
“Cuando hablamos de demencia estamos hablando de un conjunto de síntomas que comprometen funciones cognitivas como la memoria, el lenguaje, la atención o la capacidad de razonar y que terminan afectando la funcionalidad de la persona y su capacidad para desenvolverse en el día a día. El Alzheimer es un tipo de demencia y es el más frecuente, pero no es el único. Por eso, ante un deterioro cognitivo, es fundamental identificar qué está causando esos cambios y no asumir de entrada que se trata de una enfermedad de Alzheimer”, explica la doctora Natalia Triana Gallo, médica neuróloga del Hospital San Vicente Fundación Medellín.
Las diferencias entre los tipos de demencia también se reflejan en la manera en que comienzan a manifestarse. En la demencia vascular, los cambios cognitivos pueden estar relacionados con el daño de los vasos sanguíneos del cerebro o con accidentes cerebrovasculares repetitivos. La demencia con cuerpos de Lewy puede acompañarse de alteraciones del movimiento, caídas, cambios en el estado de alerta y alucinaciones, mientras que la demencia frontotemporal suele tener como protagonistas los cambios en la conducta, la personalidad o el lenguaje. En el Alzheimer, en cambio, el compromiso de la memoria suele tener un papel predominante en las primeras etapas, aunque con el tiempo pueden afectarse otras capacidades cognitivas.
A esto se suma que existen condiciones que pueden producir síntomas similares y que, en algunos casos, son potencialmente tratables. Determinados medicamentos, alteraciones metabólicas, trastornos del sueño o cuadros depresivos pueden generar dificultades de memoria, concentración o razonamiento. Por eso, cuando estos cambios son persistentes o comienzan a interferir con las actividades habituales, una valoración médica permite establecer si se trata de una enfermedad neurodegenerativa, de otro tipo de demencia o de una condición que puede ser abordada y tratada.
Cuando un olvido deja de ser cotidiano
No todos los olvidos son señales de alarma. No recordar por unos segundos dónde se dejaron las llaves, el nombre de una persona o qué se iba a hacer al entrar a una habitación puede ocurrir de manera cotidiana. La preocupación aparece cuando estos episodios se vuelven frecuentes, progresivos y empiezan a interferir con actividades que antes se realizaban con normalidad. Repetir constantemente las mismas preguntas, olvidar conversaciones recientes, perderse en lugares conocidos, tener dificultades para manejar dinero o medicamentos o presentar cambios inexplicables en tareas habituales, como cocinar, organizar el trabajo o seguir una ruta conocida, son señales que deberían motivar una valoración médica.
Alzheimer antes de los 65 años: cuando la edad no debe ser una excusa
El Alzheimer suele asociarse con el envejecimiento, pero la enfermedad también puede comenzar antes de los 65 años. Según la Asociación de Alzheimer, en Estados Unidos alrededor de 110 personas por cada 100.000 entre los 30 y los 64 años viven con demencia de inicio más joven, lo que equivale a cerca de 200.000 personas. En el caso del Alzheimer, la doctora Natalia Triana Gallo señala que las formas de inicio temprano representan aproximadamente entre el 5 y el 10 por ciento de los casos.
La aparición de síntomas antes de los 65 años merece especial atención y la sospecha de una forma familiar aumenta cuando existen varios familiares afectados en diferentes generaciones y los diagnósticos se han presentado también a edades tempranas. Sin embargo, esto no significa que tener un familiar con Alzheimer determine que una persona vaya a desarrollar la enfermedad, ya que la mayoría de los casos no corresponde a formas hereditarias. En personas jóvenes, los cambios en la memoria, la concentración, la organización o el desempeño laboral pueden atribuirse inicialmente al estrés, la ansiedad, la falta de sueño o la sobrecarga de trabajo. Aunque estas condiciones también pueden generar dificultades cognitivas, cuando el cambio es persistente, progresivo y empieza a afectar el funcionamiento habitual es importante consultar para establecer qué lo está causando.
“El diagnóstico no depende de una única prueba. En el Hospital San Vicente Fundación Medellín partimos de una historia clínica detallada para entender cuándo comenzaron los cambios y cómo han evolucionado, y complementamos esta valoración con pruebas neuropsicológicas, exámenes de sangre y estudios de neuroimagen como la resonancia magnética. En pacientes seleccionados también podemos recurrir a biomarcadores de Alzheimer en sangre o en líquido cefalorraquídeo. Este abordaje permite identificar qué funciones cognitivas están comprometidas, descartar otras causas y establecer con mayor precisión si estamos frente a una enfermedad de Alzheimer, otro tipo de demencia o una condición potencialmente tratable”, complementa la doctora Natalia Triana Gallo.
La OMS advierte que la demencia no es una consecuencia inevitable del envejecimiento y señala que existen factores modificables que pueden influir en el riesgo de desarrollar deterioro cognitivo y demencia. Entre ellos se encuentran la actividad física, el tabaquismo, el consumo nocivo de alcohol, el aislamiento social y condiciones de salud como la hipertensión y la diabetes. En sus recomendaciones actualizadas de 2026, la organización estima que hasta el 45 por ciento del riesgo de demencia podría prevenirse o retrasarse mediante intervenciones sobre factores modificables.
En este contexto, reconocer los cambios a tiempo también es una forma de actuar. En el Hospital San Vicente Fundación Medellín, la valoración de una persona con deterioro cognitivo busca establecer qué está causando los síntomas, identificar condiciones potencialmente tratables y orientar a pacientes y familias sobre los pasos a seguir. Este compromiso se refleja en la experiencia acumulada por la institución: entre 2021 y 2026, el Hospital ha atendido a 667 personas diagnosticadas con Alzheimer, fortaleciendo su experiencia en el abordaje y seguimiento clínico de esta enfermedad. En el marco del Día Mundial del Alzheimer, la invitación es a no normalizar un cambio progresivo en la manera de pensar, desenvolverse o realizar actividades que antes eran habituales. Cuando una persona empieza a funcionar de manera diferente a como lo hacía antes, consultar puede ser el primer paso para entender por qué.