Epilepsia: ¿cómo saber si es un mito?

Existen diversos mitos sobre las crisis epilépticas que crean prejuicios para las personas que padecen la enfermedad.

La epilepsia hace parte del grupo de enfermedades crónicas y es una de las más frecuentes en el mundo, las personas que la padecen presentan alteraciones a nivel orgánico, emocional, familiar y social; las acciones para estas personas van encaminadas hacia la atención integral de los pacientes que día a día se deben enfrentar a esta enfermedad, brindándoles un diagnóstico oportuno, un tratamiento eficaz y un acompañamiento continuo, siempre en búsqueda de mejorar la calidad de vida social y cognitiva tanto del paciente como de su familia. 

Las personas no siempre tienen información correcta sobre las crisis epilépticas, se repiten viejos prejuicios sin fundamento científico sobre la enfermedad que pueden estigmatizar innecesariamente a la persona que la padece. En este artículo hablaremos sobre los más importantes:

Mito: la mayoría de las crisis epilépticas no se pueden controlar con medicamentos.
Los fármacos antiepilépticos logran controlar las crisis en cerca del 70% de las personas.

Mito: la epilepsia convierte al paciente en un enfermo mental.
La epilepsia es un problema eléctrico, cerebral y físico derivado de un exceso esporádico de descargas anormales.

Mito: la epilepsia se puede contagiar.
Las causas de la epilepsia son variadas, pero nunca se debe asociar su causa a un contagio.

Mito: la epilepsia cambia la apariencia física de la persona a corto y largo plazo. 
Aunque en las crisis epilépticas se produce una contracción de todos los músculos, estos vuelven a su estado normal al terminar el episodio. 
Algunos medicamentos antiepilépticos pueden tener efectos secundarios, por ejemplo, el aumento de peso.

Mito: se deben introducir objetos en la boca de la persona que está teniendo una crisis epiléptica.
No debe introducir nada en la boca de la persona que presenta una crisis, sus consecuencias pueden ser muy perjudiciales, como causar ahogamiento, mordedura involuntaria, pérdida de piezas dentales, entre otros. Lo mejor es colocar el cuerpo del paciente de lado.

Mito: los niños que padecen epilepsia no pueden estudiar en colegios normales.
La epilepsia no necesariamente es sinónimo de déficit cognitivo, existen algunos tipos de epilepsia que no dañan el intelecto e incluso han permitido terminar carreras profesionales con éxito. La necesidad o no de educación especial varía en cada caso y se relaciona directamente con la causa de la enfermedad.

Mito: las crisis epilépticas paran si se le coge el dedo de la mitad de la mano del paciente.
El 90% de las crisis epilépticas paran solas en menos de 4 minutos, dato respaldado por diversos estudios académicos. Han surgido entonces una serie de creencias respecto a qué maniobras, oraciones y posiciones (entre ellas, agarrar con fuerza el dedo medio de la mano) puede detener la crisis. Muy probablemente mientras se permanece con el dedo del paciente agarrado pasa el tiempo y la crisis cesa en su ciclo normal.

Mito: algunas personas tienen una sensación que les informa que les va a dar una crisis.
Esto no es un mito y se llama aura, es una sensación positiva o negativa que muchos pacientes identifican con el inminente desarrollo de una crisis. De esta forma, el aura les sirve de aviso y pueden tomar las precauciones oportunas.

Mito: la epilepsia al ser una enfermedad crónica se manifiesta todo el tiempo en la vida del paciente.
Verdadero. A pesar de tener un control total de las crisis, un paciente con epilepsia sigue padeciendo consecuencias personales, laborales y sociales de su enfermedad que van más allá de la responsabilidad de la toma de medicamentos, como rechazo social, discriminación, falta de oportunidades laborales que les imponen una carga constante respecto a personas sanas.

En el Hospital San Vicente Fundación Medellín existe una Clínica de Epilepsia que cuenta con un equipo multidisciplinario, quienes enfocan todos sus conocimientos y esfuerzos a brindar un diagnóstico oportuno y un tratamiento efectivo, que va desde lo farmacológico hasta lo quirúrgico, con el fin de disminuir la aparición de crisis en los pacientes epilépticos.

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