La enfermedad de Parkinson es una condición que avanza con el tiempo y afecta el funcionamiento del cerebro. Representa la segunda enfermedad neurodegenerativa más frecuente en la población general después del Alzheimer, y se asocia con un aumento significativo de discapacidad personal, social y laboral.
Neurodegenerativa: una condición progresiva que provoca la muerte de neuronas en el cerebro o la médula espinal.
El diagnóstico sigue siendo clínico, los aspectos motores y la mayoría de las características diagnósticas se identifican a través de una cuidadosa historia clínica y un examen neurológico detallado, motivo por el cual, el diagnóstico lo debe realizar un especialista en neurología.
Manifestaciones y síntomas
Se caracteriza por un enlentecimiento en la realización de actividades motoras repetitivas: inicial focal (de un brazo o pierna) y posteriormente global (de todo el cuerpo) con reducción progresiva de la velocidad y la amplitud del movimiento.
Adicionalmente, existe rigidez muscular en las extremidades, cuello y temblor principalmente en reposo que afecta las extremidades y el mentón. Existen otras manifestaciones y síntomas.
Motoras:
Alteraciones en los reflejos posturales que son causa frecuente de caídas.
Cambios en la articulación y el tono de la voz (disartria e hipofonía).
Dificultad para tragar (disfagia) y bloqueos de la marcha.
No motoras:
Depresión, ansiedad y apatía.
Dolor.
Trastornos del sueño.
Deterioro cognitivo y demencia (relacionados con la edad del paciente y la duración de la condición).
Estos síntomas pueden presentarse en cualquier etapa de la enfermedad y llegar a preceder en años a los síntomas motores. No obstante, los síntomas no motores se intensifican conforme avanza y pueden llegar a ser invalidantes en etapas avanzadas.
Síntomas autonómicos:
Bajas de presión arterial.
Sudoración excesiva.
Escapes de orina.
Aumento de la frecuencia urinaria o estreñimiento.
Tratamiento
Actualmente no existe un tratamiento curativo, solo fármacos que permiten restituir, en parte, la cantidad de dopamina que llega al cerebro con una posible mejoría de los síntomas motores, especialmente del enlentecimiento y la rigidez, permitiendo mayor esperanza de vida y funcionalidad diaria sostenida en el tiempo.
Después de varios años de buen control de los síntomas con medicamentos (generalmente entre cinco y diez años), es común que se vuelvan a presentar cambios, especialmente en algunas personas más jóvenes; en esta etapa de la enfermedad pueden aparecer cambios en el movimiento, como momentos en los que el medicamento no hace el mismo efecto.
Por esto puede ser necesario recurrir a tratamientos más avanzados, siempre bajo la orientación del equipo médico.
Alternativas quirúrgicas
La cirugía de estimulación cerebral profunda es actualmente la técnica de elección en el tratamiento del parkinson avanzado cuando ya no es óptimo el tratamiento farmacológico; se ha consolidado como una terapia eficaz para mejorar los síntomas y complicaciones asociadas al tratamiento farmacológico crónico, posibilitando una mejoría de más de un 50 % en la discapacidad motora.
Una vez sea diagnosticado, y se hayan agotado los recursos farmacológicos, puede ser candidato a cirugía, e ingresar a un protocolo donde se realizarán diferentes actividades encaminadas a determinar si realmente es un candidato idóneo o si tiene alguna contraindicación para ello.
Deben descartarse enfermedades psiquiátricas descompensadas, demencia, bajo apoyo familiar y expectativas irreales del procedimiento.