El daño que causa la pólvora va mucho más allá del ser humano. Cada detonación libera gases tóxicos, partículas contaminantes y metales pesados como plomo, cobre, arsénico y bario. Estas sustancias contaminan el aire, agravan los problemas respiratorios y contribuyen a fenómenos como la lluvia ácida.
En ciudades como Medellín, después de la llamada alborada, se ha registrado un aumento de hasta el 133 % en las partículas finas que pueden ingresar a los pulmones y al torrente sanguíneo, afectando gravemente el corazón y el sistema respiratorio.
Detrás de cada explosión hay historias de niños hospitalizados, animales muertos, contaminación del aire y gastos hospitalarios que podrían haberse evitado. No existe una forma “segura” de manipular pólvora doméstica, ya que incluso los artefactos más pequeños pueden causar tragedias.
La única forma de celebrar sin riesgo es no usar pólvora. Actualmente existen alternativas seguras y sostenibles como espectáculos de luces LED, drones o juegos visuales digitales, que permiten disfrutar de las festividades sin poner en peligro la vida ni el entorno.
Cuidar nuestra salud, proteger a los animales y preservar el aire limpio que respiramos es una responsabilidad compartida. El resplandor de la pólvora dura solo unos segundos, pero sus consecuencias pueden acompañar a una persona toda la vida.
Riesgos para la salud humana
El uso de la pólvora y los fuegos artificiales forma parte de celebraciones en todo el mundo; sin embargo, detrás del brillo y los colores se esconden graves riesgos para la salud humana, el bienestar animal y el medio ambiente.
Lesiones y quemaduras
Las quemaduras son las lesiones más frecuentes y pueden dejar cicatrices permanentes, amputaciones e incluso causar la muerte. En Colombia, los estudios muestran que entre el 2,4 % y el 2,7 % de los pacientes atendidos en unidades de quemados han sufrido lesiones por pólvora. En los casos de daño ocular, esta cifra puede alcanzar hasta el 7,6 %.
Los hombres jóvenes entre 15 y 25 años son los más afectados.
La mayoría de las lesiones ocurren en las extremidades superiores, especialmente en la punta de los dedos. Sin embargo, dependiendo del nivel explosivo y la cercanía del artefacto, pueden presentarse lesiones en toda la mano, el antebrazo y otras áreas como genitales, ojos, nariz y boca, generando pérdida de funciones y discapacidad permanente.
Mecanismo de daño
El daño producido por la pólvora se debe a un aumento súbito de la temperatura previo a la explosión, que puede alcanzar entre 700 y 1000 °C, dependiendo del objeto utilizado. Esto genera quemaduras térmicas de gravedad y extensión variable.
Además, el efecto explosivo de los gases calientes puede comprometer estructuras profundas, muchas veces no susceptibles de reconstrucción, lo que se traduce en amputaciones o pérdida de órganos de los sentidos, como ceguera monocular o binocular, con grandes secuelas para los pacientes.
Otros efectos nocivos
Además de las quemaduras, la pólvora puede causar:
Daños respiratorios: irritación de las vías respiratorias, tos, bronquitis, asma y dificultad para respirar.
Intoxicaciones: la exposición a metales como el plomo o el fósforo blanco puede afectar el sistema nervioso, el hígado, los riñones y el corazón.
Casos graves de intoxicación por fósforo amarillo, que pueden provocar vómitos, hemorragias, ictericia, confusión, convulsiones y falla hepática, con riesgo de muerte.
Daños auditivos: desde zumbidos hasta pérdida permanente de la audición debido al ruido extremo.
Afectaciones psicológicas: miedo, ansiedad, estrés postraumático, especialmente en niños y personas mayores.
Aunque muchos países cuentan con leyes para regular la fabricación y el uso de pólvora, su cumplimiento no siempre es estricto. Cada año siguen ocurriendo accidentes debido al fácil acceso a productos pirotécnicos y a la falta de supervisión responsable.
Medidas de prevención
La mejor prevención incluye:
Evitar que los niños manipulen pólvora y dejar su uso únicamente en manos de expertos.
No usar ropa sintética durante celebraciones con fuego o velas, ya que se incendia con facilidad.
Evitar el consumo de alcohol por parte de adultos que supervisan a menores.
Reportar cualquier incidente a las autoridades de salud y a los bomberos.
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